VARIOS TESTIMONIOS DE GURDJIEFF Y DISCÍPULOS

 

"¿Cuándo vamos a comprender lo que es la verdadera fraternidad? Si eres mi hermano, lo que espero de ti no son palabras de cortesía o de condolencia, sino preguntas, provocaciones, un reto; después podrás ayudarme, no antes. Si eres mi hermano, no me dejes en paz, no permitas que me duerma; me va la vida en ello. Si somos hermanos, juntos volveremos a sentir el hambre de nuestros veinte años y las preguntas que nos anudaban la garganta. Las preguntas que no tienen respuesta, como no sea la lucha por ser dueño de sí mismo y conquistar la propia vida. Porque solo esta lucha puede darnos el sabor de las cosas verdaderas.
Si estamos asqueados hasta la náusea de este banquete tramposo, ¿quién nos manda quedarnos? Vámonos de esta mesa despreciable, vámonos juntos en busca de verdaderos alimentos. Volvamos también nosotros a la tierra, al terreno abandonado de nuestra propia vida.
Vamos a cavar, desbrozar, roturar, labrar y abonar este erial, invadido por las malas hierbas. Y cuando llegue el tiempo de cosechar, iremos a decir a los otros compañeros a qué sabe el pan amasado con nuestras propias manos".
Henry Tracol, Buscador de nacimiento, la llamada de G.I. Gurdjieff, Ed. Ganesha.

"El buscador de nacimiento no puede escapar del laberinto. Tal vez comprenda que él mismo es el laberinto, y que de todos sus fracasos, de todas las <<respuestas>> que se le van presentando a lo largo del camino, ninguna detendrá jamas su progresión hacia el centro de su propio misterio. En lugar de intentar liberarse del reto, cultivará la esperanza de llegar a ser cada vez más capaz de afrontarlo; esto es lo único que dará sentido a su búsqueda."
Henry Tracol, Buscador de Nacimiento.

"Gurdjieff insistió sobre el hecho de que el hombre se olvida de sí mismo al dar la espalda a la Realidad que es lo Uno. Así aumenta su sufrimiento, agrava su estado, precipita su pérdida y la de sus semejantes y aumenta el sufrimiento del Creador.
La única dirección es reunir. Nuestro papel como hombres es el de comprender las leyes que rigen el Universo a fin de no transgredirlas y permitir -si no ayudar a- la transmutación. Huir de todo lo que dispersa, ir hacia lo que une; huir de lo que diluye, buscar lo que concentra; huir de lo que degrada la energía. Cada ser, en su nivel, debería 'convertirse' en el puente entre lo que está por encima y por debajo de él.El hombre debe llegar a encontrar estos tres planos en él".
Fragmento de "Frente al señor Gurdjieff", por Michel Conge, del libro "G. Gurdjieff", Bruno de Panafieu, Editorial Ganesha, p. 419.

 

“Pasará mucho tiempo antes de que yo comprenda el significado de mis tensiones. Pero puedo ver que están allí y que la energía en mí no está libre. Los pensamientos son tensiones, los deseos también. La energía está detenida por las vibraciones de inercia que me mantienen en las partes inferiores de mi ser. Estoy atrapado por mis tensiones, atado, ocupado en satisfacer las necesidades específicas de una parte, sin tomar en cuenta el todo. Empiezo a ver que necesito la experiencia de una energía liberada.” Jeanne de Salzmann, La Realidad del Ser.

 

El padre Borsh tenía del mundo y del hombre un concepto muy original. Sus opiniones sobre el hombre y sobre el sentido de su existencia diferían por completo tanto de los conceptos de los que lo rodeaban como de todo cuanto he podido oír o leer al respecto. Citaré algunos otros de sus pensamientos, que podrían ilustrar lo que era su comprensión del hombre y de lo que se exige de él.
Decía: "Hasta su mayoría de edad el hombre no es responsable de ninguna de sus acciones, buenas o malas, voluntarias o involuntarias; solo son responsables aquellos de sus prójimos que han tomado a su cargo, conscientemente o por la fuerza de sus circunstancias accidentales, la obligación de prepararlo para una vida adulta.
"Los años de juventud son para todo ser humano, de sexo masculino o femenino, el período dado para desarrollar hasta la maduración completa el germen concebido en el seno de la madre.
"A partir de ese momento, es decir, desde el momento en que este desarrollo termina, el hombre se hace personalmente responsable de todas sus manifestaciones voluntarias e involuntarias.
"Según las leyes de la Naturaleza [...], este desarrollo termina, para los seres de sexo masculino, entre los veinte y veintitrés años, y para los seres de sexo femenino entre quince y diecinueve años, según las condiciones geográficas del lugar de su nacimiento y de su formación. [...]
"En cuanto a la responsabilidad, la mayoría de los hombres contemporáneos que han llegado y hasta pasado un poco su mayoría de edad, por extraño que parezca a primera vista, pueden no ser responsables por ninguna de sus manifestaciones; y esto, según me parece, puede ser considerado por otra parte como perfectamente conforme con las leyes.
"Una de las principales causas de este absurdo es que a esa edad, en la mayoría de los casos los hombres contemporáneos están privados del ser correspondiente de sexo opuesto que debe necesariamente completar su tipo, el que por razones independientes de ellos, pero procedentes de las grandes leyes, representa de por sí algo no-entero.
G. I. Gurdjieff, Encuentros con hombres notables, "Mi primer maestro", pp. 76-77.

 

«Nos sentamos "al estilo turco" en el suelo, y G empezó a explicarnos y a mostrarnos cierto número de posturas y de movimientos. No podía dejar de notar la seguridad y la precisión asombrosas con que realizaba estos movimientos. Por otra parte, no presentaba nada excepcional: un buen gimnasta podría haberlos hecho con facilidad, y yo, que nunca he pretendido pasar por atleta, podía imitarlos exteriormente. No obstante, G nos explicaba que ningún gimnasta ejecutaría esos movimientos como él, pues él tenía una manera especial de hacerlos con los músculos relajados».
[P. D. Ouspensky, Fragmentos de una enseñanza desconocida, cap. XIII

«Cuando el príncipe Liubovedsky se tornó nuestro segundo instructor, pidió un día, por propia iniciativa, permiso para llevarnos a un pequeño patio lateral, el cuarto, llamado patio de las mujeres, para asistir a la clase de las alumnas dirigida por las sacerdotisas danzantes que participaban diariamente en las danzas sagradas del templo.
El príncipe, sabiendo el interés que yo tenía en aquel tiempo por las leyes que rigen los movimientos del cuerpo y del psiquisimo humano, me aconsejó, mientras mirábamos la clase, prestar especial atención a los aparatos con cuya ayuda las jóvenes candidatas estudiaban su arte.
[...] Deben pasar muchos años antes que les permitan a estas futuras sacerdotisas danzar en el templo. Únicamente pueden hacerlo las sacerdotisas de edad y con experiencia.
En este monasterio todos conocen el alfabeto de estas posiciones y, de noche, cuando las sacerdotisas danzan en la gran sala del templo, según el ritual propio del día, los hermanos leen en estas posiciones verdades que los hombres insertaron en ellas hace varios miles de años.
Estas danzas llenan una función análoga a la de nuestros libros. Como lo hacemos hoy en papel, otros hombres en otras épocas anotaron en estas posiciones informaciones relativas a acontecimientos ocurridos hace mucho tiempo, a fin de transmitirlas siglo tras siglo a los hombres de las generaciones futuras, y llamaron a esas danzas, danzas sagradas».
G. I. Gurdjieff, Encuentros con hombres notables, Ed. Ganesha, cap. "El príncipe Yuri Liubovedsky", pp. 196-198.

 

«Pregunta: ¿Podría usted decir en qué consisten las exigencias formales de los Movimientos?
Pauline de Dampierre: La mayoría de las disciplinas del cuerpo que tienen una finalidad espiritual van acompañadas de exigencias precisas, concretas, y los Movimientos de Gurdjieff no escapan a esta regla. Cuando se asiste a una sesión de trabajo, se observa una serie de posiciones, a menudo de una real belleza, que se encadenan con regularidad. Bien sean lentas, recogidas, vivaces o enérgicas, todas ellas exigen una gran concentración. De hecho, para quien se ejercita, se trata de coordinar, de acuerdo a un ritmo regular y combinaciones cambiantes, diferentes posiciones del cuerpo, de los miembros y de la cabeza que han sido primero trabajadas separadamente. La dificultad polariza toda su atención. [...] Mientras más avanza, más siente lo grande del reto porque, al mismo tiempo, debe constantemente relacionar lo que hace con esa necesidad de presencia, de atención interior, que la Enseñanza ha empezado a despertar en él»
Fragmento del libro G. I. Gurdjieff compilado por Bruno de Panafieu, capítulo "Los Movimientos" de Pauline de Dampierre.

"Ustedes preguntan sobre la meta de los movimientos. A cada posición del cuerpo corresponde un estado interior definido, y por otra parte, a cada estado interior corresponde una postura definida. Un hombre en su vida tiene cierto numero de posturas habituales y pasa de una a otra sin detenerse en las posturas intermedias. El tomar nuevas posturas desacostumbradas les permite a ustedes observarse interiormente en forma distinta a la en que usualmente lo hacen en las condiciones ordinarias. [...] Es necesario observarse en forma diferente a como lo hacen en la vida ordinaria. Es necesario tener una actitud diferente, no la que han tenido hasta ahora. Ustedes saben a dónde los han llevado hasta ahora sus actitudes habituales. No tiene sentido seguir como antes, ni para ustedes ni para mí, porque no tengo el deseo de trabajar con ustedes si permanecen como están. Quieren conocimiento, pero lo que han tenido hasta ahora no ha sido conocimiento. Ha sido sólo una recolección mecánica de información. Es conocimiento no adentro, sino afuera de ustedes. No tiene valor. ¿Qué les importa a ustedes si lo que saben haya sido creado alguna vez por otra persona? Ustedes no lo han creado; por lo tanto, es de poco valor. Ustedes dicen, por ejemplo, que saben cómo armar los tipos de imprenta para un periódico y valoran esto mucho en sí mismos. Pero ahora una máquina puede hacerlo. Combinar no es crear. Todo el mundo tiene un repertorio limitado de posturas habituales y de estados interiores. [...] Uno debe aprender a tener nuevas actitudes hacia cosas nuevas. Ustedes ven, ahora cada uno está escuchando a su manera, pero de manera correspondiente a su postura interior. [...] Y todo esto ocurre porque sólo un centro está trabajando; por ejemplo: o la mente o la emoción. Sin embargo, deben aprender a escuchar de una manera nueva. El conocimiento que han tenido hasta ahora es el conocimiento de un solo centro: conocimiento sin comprensión" G.I. Gurdjieff, Perspectivas desde el mundo real.

 

«Nunca se quedaba sentado con los brazos cruzados, nunca se le veía recostado como sus compañeros para devorar libros que no traen nada real y cuya única finalidad es la de distraer.
[...]
Le pregunté un día por qué, en lugar de descansar, hacía el papel de idiota, ya que nadie le pagaría sus ejercicios inútiles.
"Tienes razón, me replicó; hoy nadie me pagará por esas 'estúpidas monerías', como dices tú y cuantos fueron salados en el mismo tonel. Pero más tarde serán ustedes mismos o sus hijos quienes me pagarán por haberlas hecho.
"Bromas aparte, lo hago porque amo el trabajo. No es con mi naturaleza con lo que lo amo, porque la mía es tan perezosa como la de los demás hombres, y nunca quiere hacer algo útil. Amo el trabajo con mi buen sentido".
Luego añadió:
"Y por favor, no pierdas de vista que cuando empleo la palabra 'yo', debes entenderla no como mi yo integral, sino solamente como mi inteligencia. Amo al trabajo, y me impuse como tarea lograr con perseverancia que mi naturaleza toda ame el trabajo, y no solo mi razón.
"Además, tengo la absoluta convicción de que en el mundo un trabajo consciente nunca se pierde. Tarde o temprano, alguien debe pagar por él. Por consiguiente, si trabajo hoy así, sirvo a la vez a dos de mis objetivos: en primer lugar tal vez acostumbre a mi naturaleza a no ser perezosa; y en segundo lugar, aseguro mi vejez. [...]
"Y más que todo, trabajo porque en la vida lo único que conforta es el trabajar, no por fuerza, sino conscientemente. Eso es lo que distingue al hombre de los asnos de Karabaj, que también trabajan día y noche"».
Fragmento del libro Encuentro con hombres notables de George I. Gurdjieff, capítulo "Señor X... O capitán Pogossian", p. 135 (Ed. Ganesha).