Charlas y ensayos
Christopher Fremantle
TRABAJO:
LA DIMENSION INTERIOR

Una vez dijo el Sr. Gurdjiéff, “Cuando se ejercite, hágalo como un servicio para toda
la humanidad.” ¿ Qué es lo que quiso transmitir ?
Cuando me pregunto, “Cómo puedo hacer mi esfuerzo para toda la humanidad ?,” veo
que no sólo es demasiado pequeña la escala de ese esfuerzo, sino que también hay una
dimensión superior, una implicación más profunda, incluso en el esfuerzo personal. Esa
implicación mayor, aparentemente fuera de mi alcance, debe incluirse, realizarse, en el
esfuerzo de mi trabajo; de otra manera éste no corresponderá a un “trabajo de escuela.”
¿ Qué es esta dimensión superior ? No hay palabras que la expresen porque no puede
ser percibida directamente por los sentidos. Sin embargo, sí hay momentos en que la
percibe una atención interna. Ésto lleva a preguntas: ¿ Qué es mi “escencia” ? ¿ Qué es
el “ser imperecedero” ?
La escala de mi trabajo es la de mis acciones, la de mis respuestas internas a la vida,
en cada momento. Tales respuestas proceden principalmente de mi “personalidad”,
definida por el Sr. Gurdjiéff como aquéllo que se ha adquirido en el transcurso de la
vida: “aquéllo que no es mío”. Como la mayoría de mis acciones se basan en lo que no
es mío, resultan débiles, cambiantes y yo me doy cuenta de ello. Pero en una crisis, ante
un peligro, Yo soy fuerte; todo mi ser se involucra. Hay fuerza y poder en la escencia
cuando la demanda es suficiente como para tocarla. Es como si se tocara otra dimensión
de mí mismo, las profundidades mismas de mi ser.
¿ Cómo alcanzar esa profundidad ? ¿ Cómo vivir y ser guiado por la conciencia y no
por la conveniencia ? Necesito vivir con esa fuerza interior y lo que veo es que todo el
tiempo soy un esclavo de mis reacciones automáticas.
Parece que esa incapacidad para alcanzar mis posibilidades más profundas se debe al
resultado de la Ley de las Octavas. Empiezo a colectar mi atención, a concentrarme,
pero siempre llego al mismo punto. Luego algo llama mi atención, un pensamiento, un
recuerdo o, incluso, el darme cuenta del estado de tranquilidad que tengo y de nuevo me
encuentro envuelto en pensamientos. Así que requiero de una disciplina, de un
entrenamiento que involucra tres aspectos.
Un ejemplo sencillo de ésto sería: Quiero ir a Europa el próximo año y decido
aprender francés, así que me compro un diccionario y una gramática y me pongo a
estudiar. Pero después de poco tiempo encuentro que no avanzo mucho, mi entusiasmo
se debilita, me digo a mí mismo que no tengo tiempo suficiente para estudiar y, cuando
lo tengo no dispongo de la energía adecuada para hacerlo. Esto quiere decir que estoy en
un “intervalo” … hago mis libros a un lado. En este momento, si quiero continuar de
manera efectiva, debo encontrar una escuela o, por lo menos uno o dos compañeros que
den el estímulo para el estudio. Me encuentro entusiasmado otra vez y, otra vez, llego al
punto en que es difícil continuar, ya que no escucho el idioma en mi vida diaria.
Finalmente llego a Europa y ocurre éso. Ahora puede lograrse un dominio completo del
lenguaje.
Este es un ejemplo de la disciplina de escuela. Debe tener tres aspectos, tres
“dimensiones internas” de niveles diferentes. Una es el trabajo en mí mismo, la segunda
es el trabajo con otros, el grupo; la tercera es el trabajo para la escuela, “para la
humanidad.” Estos tres aspectos juntos garantizan que el intervalo (debido a la Ley de
las Octavas) sea superado en cada caso y que el trabajo continúe en forma efectiva hasta
alcanzar la meta.
Pero, ¿ es así de fácil ? – En la práctica no, ya que los tres aspectos son simultáneos;

éstas tres dimensiones internas están interconectadas y deben actuar una sobre las otras
para obtener un resultado. Así que no se puede trabajar solamente en una, en otra
después y luego en la última. El Sr. Gurdjiéff lo expresaba así: “el trabajo debe ser para
Ud., para el grupo y para mí” (o sea para la escuela). Puede empezar por cualquier
aspecto, pero debe desarrollarse pronto hasta abarcar los tres.
Cada línea implica sufrimiento: sufrimiento por ver lo que soy, mi nadidad;
sufrimiento al trabajar con otros, viendo que no nos comprendemos unos a otros sino en
forma superficial, que nó nos amamos, que hasta decimos cosas maliciosas a sus
espaldas; sufrimiento por nuestra pasividad y nuestra complacencia y, por último,
sufrimiento por la condición humana, por aquéllos que están inmersos en la miseria, la
pobreza, el crimen, la ignorancia.
Es el sufrimiento el que produce la interconexión con otra dimensión, con
profundidades interiores. Es esa cualidad esquiva, la sinceridad conmigo mismo, la que
produce el contacto con el “ser”, la verdad que anida en mi mismo. Y así, el sufrimiento
de cada aspecto del trabajo de escuela trae no sólo dicho sufrimiento, sino también un
gozo sutil, porque conocer la verdad, comprender, siempre traen consigo un sentimiento
positivo: “El amor nace en el espacio que rodea al pensamiento.”
Debido a que existen estas tres dimensiones ocultas, Gurdjiéff compara una escuela
con un monasterio que visitó en Asia y que tenía tres patios: en el más exterior se
encuentran los que pertenecen al círculo exotérico; en el medio, aquellos del círculo
mesotérico y en el interior, los del círculo esotérico. La reja del círculo exterior conecta
con la vida ordinaria; es el sitio en que se pone a prueba a los novicios. El patio medio
está en contacto directo con los círculos externo e interno. Con los que están siendo
puestos a prueba y con aquéllos que saben, los que ya han pasado por la disciplina.
La vida allí es dura; los del patio intermedio están “entre dos sillas”, despiertos a
muchos defectos propios y aún no en armonía consigo mismos; incapaces aún de vivir
desde su escencia. En el patio más interno hay profundidad: tanto ser como
comprensión; armonía y conocimiento; acciones dirigidas hacia una meta.